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Cuando vamos a acomodarnos nos damos cuenta que solamente quedaba
espacio para dos y apretados. Alberto al ver la situación dice que
alguien va a tener que viajar sentado en las piernas de otro. Por ser la
mas liviana y la última en subir, me sacrifiqué y me ubiqué en las
rodillas de dos de los chicos que iban sentados atrás. Para ponerme
mas cómoda, me recuesto en el pecho del chico que me llevaba en sus
rodillas y siento perfectamente en mi culo y mi conchita la fuerza de la
erección del chico.
Le pregunto si no le duele que me siente sobre él y me dice que le
gustaría acomodarse mejor. Por eso levanto mi culo un poco permitiendo
que todos vean mis bombachas al abrir totalmente mis piernas. Él se
acomoda y me siento nuevamente, pero me dice que le molesta un poco
porque la tiene muy dura, igual que todos los demás. Yo me siento en el
cielo, siete hombres con las pijas duras deseándome.
Por eso le ayudo y la libero de su encierro y me sorprende lo larga y
dura que es..., entonces le digo que se quede quieto que yo me voy a
acomodar para que no le duela. En eso veo que dos más ya han sacado las
pijas para afuera y están masturbándose lentamente. Eso me anima y me
quito la bombacha al tiempo que los otros me quitan la solera y me dejan
desnuda. Me meten mano por todos lados y yo lentamente me acomodo la
pija del chico en mi culito y lentamente me voy sentando hasta que
siento que la tengo toda adentro.
Los demás quieren participar pero estamos muy apretados por lo que
les digo que se tranquilicen que el viaje es largo y comienzo a cabalgar
sentada en esa larga y dura pija durante unos tres minutos hasta que
siento que se descarga totalmente dentro mío al tiempo que tira con
fuerza de mis tetas a tal punto que tengo miedo que me dañe.
Me desclavan de este chico y me dejan caer encima de otra pija, igual
de dura pero mucho mas gruesa que se me clava también en mi dilatado
culito....
Le pido a Alberto para detenernos en la ruta y a los pocos kilómetros
lo hacemos.
Tiramos varios sobres de dormir en el pasto y solamente con la luz de
la luna como cómplice, me entrego a mis siete machos que mi hacen de
todo. Me cogen como una perra, en cuatro patas, mientras me hacen chupar
una pija. Me sientan en una pija y me ponen otra en el culo, me la sacan
del culo y me ponen dos pijas en la concha, me ponen una pija en la boca
y me llenan la boca de leche. Después me ponen dos pijas en el culo y
vacían en él sus testículos.
Ya no puedo más y se los digo. Les digo que basta pero no me hacen
ningún caso, me pongo a llorar y a gritar porque realmente me duele.
Entonces uno de ellos me pega una cachetada con tanta fuerza que me
sangra la nariz. Eso los excita mucho más y cuando Alberto quiere
reaccionar, lo agarran y lo atan.
Realmente esa situación me da mucho miedo, y sentirme indefensa me
hace acabar en medio de gritos y espasmos. Todos se ríen y nuevamente me
dan pija por todos lados, turnándose para acabarse en mi culo, concha y
boca.
Cuatro horas después, y como veinte orgasmos, me siento realmente
destruida, no puedo más, ellos tampoco, pero me dicen que van a desatar
a Alberto y que lo tengo que hacer acabar o van a comenzar todos
nuevamente.
Comienzo a chupársela, y cuando la tiene bien dura me ponen boca
abajo y hacen que me la ponga en el culo, que estaba súper irritado y me
dolía hasta hacerme llorar.
Le pido que me lo haga suave, pero uno de ellos se coloca detrás de
Alberto y de un golpe lo penetra haciéndole pegar un grito y cae sobre
mí. Las embestidas que recibe son tan fuertes que me saca el aire. El
chico se acaba en el culo de mi esposo y su lugar es ocupado por otro,
mientras a mí me levantan, me ponen en cuatro patas y uno se me coloca
debajo para cogerme la conchita.
No puedo más, ver a mi esposo penetrado y disfrutando de su
violación, y yo penetrada doble, hace que tenga un orgasmo muy fuerte,
que termina en convulsiones y lágrimas. En ese momento siento que el
tercer violador de mi esposo se acaba y Alberto también, dándome
fuertísimas embestidas que provocan que mi dolorido culo comience a
sangrar por el desgarro que me producen. Así quedamos un rato, tirados
en el pasto, muertos de cansancio y doloridos.
Cuando nos despertamos ya es de día y de los chicos ni noticias, se
habían ido. Quizás temiendo una denuncia por parte nuestra. La realidad
es que nos lavamos, nos vestimos y sentados como pudimos emprendimos el
viaje de regreso a nuestro hogar. |