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- Ya te habia advertido. Te lo habia dicho no una
sinó miles de veces. Y tu me hiciste caso? no. Tu eres demasiado bueno
para obedecer, no es así? pues ahora vas a descubrir que les pasa a los
chicos desobedientes. Vas a comprobarlo en propia piel...
- Que... que quieres decir? que...
- Que quiero decir? pues que te voy a azotar. Que te
voy a dar la paliza de tu vida. Puedes estar seguro de ello. Cuando
termine contigo, no podras sentarte en una semana.
- Azotarme???? quieres decir pegarme?? No puedes!!
- QUE NO PUEDO?! QUE NO PUEDO!?? VERAS SI PUEDO O
NO!!
- Se lo diré a...
- A QUIEN SE LO VAS A DECIR?! A MAMÀ? PUES ANDA, VE A
DECIRSELO. OH, OLVIDABA QUE NO ESTA. SOLO ESTAMOS TU, Y YO. CREES QUE
PUEDES CONMIGO?
Brian repasó a su padre. De 45 años, pero musculoso,
fuerte por su antiguo trabajo. Cerca del metro ochenta de altura. De
ninguna manera podia con él. Su padre observó que se habia dado cuenta,
al ver la desesperación en su cara.
- Bajate los pantalones.
Las piernas casi le fallaron a Brian. Bajarse los
pantalones. Hiba en serio. Nunca, nunca le habian pegado. De hecho, casi
desconocia el dolor. Temblaba y estaba cubierto de sudor frio. Pero aún
pudo articular algunas palabras.
- N... no...
PLAF! La bofetada resonó por todo el cuarto. La
mejilla le ardia. Los ojos, anegados en lagrimas. Entonces, le invadió
la ira. Como podia querer hacerle esto? no le veria suplicar. Con un
gesto arrogante, se los desabrochó y bajó hasta las rodillas. Era lo que
John estaba esperando.
- Ahora, los calzoncillos.
Aquello ya era demasiado. El temor volvió, junto con
la verguenza. No queria que su padre le viera desnudo. Solo lo habian
visto así sus compañeros, en las duchas después de la clase de gimnasia,
cuando jugaban a comparar el tamaño de su polla. No tuvo elección; John
se los bajó de un tirón, revelandola, semierecta, antes de que él la
tapara con las manos rapidamente.
- Que, te da verguenza? pues yo de ti, me preocuparia
por otras cosas... A mis rodillas!
- Co... como?
- Que te tumbes sobre mis rodillas! AHORA!
Casi con timidez, siempre tapandose con la mano,
Brian se tumbó donde le indicaban. John lo colocó en una posición comoda
para ambos; pasarian un buen rato en aquella postura. El chico
forcejeaba, pero la presa del padre era irrompible. Con una mano, lo
mantuvo bien sujeto. Con la otra, apartó la camiseta para tener una
buena visión del trasero que castigaria, la esfera tersa y palida que
estaba a su absoluta disposición; la voluntad de Brian ya no importaba.
Le gustara o no, le darian una paliza. Una azotaina. Y no podia hacer
nada para impedirlo. Estaba a su disposición para lo que quisiera hacer
con él. Con una mano grande y callosa amasó la carne blanda, como
probando el terreno, y sonrió. Pensó en todas las chicas que querrian
estar ahora en su lugar. En todos los chicos que pagarian para ver a su
rival en todo, el señor perfecto, humillado de aquel modo. La piel aún
era blanca; pronto cambiaria de color. Cogió el cepillo con fuerza, y
probó su dureza, su peso. Se amoldaba agradablemente en la mano. Si, era
un instrumento temible. Lo levantó bien arriba... y lo descargó con
fuerza.
SPANK!! |