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Abril
Todo comenzó una mañana de Abril. Bajo la tenue
lluvia que empapaba el asfalto, una mujer de aspecto elegante y
lustroso, se aproximaba a pasos largos hacia un local. Apenas le dio
tiempo para ir a recibirla, ella ya estaba llamando al timbre, y él
todavía en bata de estar por casa, sin afeitarse, medio dormido y con
ojeras hasta los pies.
-Buenos días.
-¿Usted cree qué estas son horas de venir a molestar
a este pobre trabajador?
-Mmm, perdone señor, pero es que quien me dijo de
venir, no me advirtió que su dueño, trabajase por las noches.
-Yo trabajo cuando me da la gana, oiga, y pase de una
vez, que a cada rato que pasa está usted más y más empapada, y no quiero
que me moje la alfombra.
-¿Acaso le he dicho que deseo entrar?
-Todas las clientas igual de tímidas…ejem. No es una
muestra de amabilidad, se trata de una orden directa ¿entiende?
-En ese caso, no me negaré.
-…Estas novatas, siempre lo mismo- pensativo Rafael.
El interior de la estancia estaba equipado con
tapices medievales, las paredes con góticos relieves, y el techo negro.
También había unos ventanucos en una de las paredes, claro que el sol no
se filtraba por allí, ya que daba a la parte de un oscuro callejón.
La chica se aproximó a una de las sillas que adornaba
el recibidor.
-Veo que te interesa mi última creación- sonrió
Rafael – se trata de mi clienta de anoche, todavía permanece en esa
posición, y no será liberada hasta las 12 del mediodía, si deseas,
puedes descansar tu cuerpo sobre ella.
La joven observó con detenimiento aquel mueble tan
extraño, se trataba de una mujer atada convenientemente y embutida en
látex negro, de los pies a la cabeza. Apenas unos orificios nasales y
otro pequeño para la boca eran visibles a sus ojos, estando el cuerpo
totalmente enfundado opacamente. La postura en forma de silla debía ser
muy incómoda, tenía las piernas y los brazos unidos, de tal forma que su
culo y parte del estómago y pecho, permanecían a disposición, como si de
un asiento se tratase. De esta forma, la chica, se había convertido en
una extraña composición, un mueble simple como una silla, pero hecho de
ella.
La chica, no dejó de darle vueltas, mirando las
ataduras, la posición de la mujer, y decidió probar a sentarse. Al
hacerlo, su culito respingón topó con el de la otra mujer atada, y
sintió la dureza de los glúteos de ésta, daba la sensación de un
auténtico y cómodo asiento, al que también le había incorporado unos
reposabrazos. Ahora su cuerpo descansaba sobre los muslos y el culo de
la silla, y ella se sentía muy cómoda.
-Ejem- interrumpió Rafael- si desea la señorita,
podemos ahora tratar el tema de los honorarios por el servicio.
-Perdone señor, todavía no me he presentado, y no
sabe usted el porqué de mi visita. Mi nombre es Abril, como este mes que
acaba de comenzar-sonrió a los ojos de Rafael- Me gustaría ser su
aprendiz, en esto del bondage.
-¿Cómo? ¿mi aprendiz? ¿no es usted una cliente, dice?
-Efectivamente, no lo soy.
- Pues la dejé pasar porque creí conocerla.¿Y quien
le habló de este sitio? Aquí la discreción es la primera regla. |