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Estreché la mano de Javier, presentándonos y sentándome con ellos. La conversación giró en torno a nuestra "desviación". El comentó que se lo había hecho con muchas mujeres pero nunca delante de las narices de su marido y que para él iba a ser una experiencia novedosa. Insinuó que le atraía la idea por experimentar algo nuevo y que tenía su morbo, y también comentó en algún momento que con tal de follarse a Cristina, le daba igual que yo estuviera o no. Por supuesto, entendió que nosotros lo ocultáramos a nuestros amigos, conocidos y familiares y nos prometió no decir nada a María Isabel, cosa que creemos que debió cumplir pues ésta, nunca le ha comentado a Cristina nada acerca de saber nuestro secreto.
Estuvimos charlando de cosas intrascendentes. En una de las ocasiones Cristina fue al baño y Javier, que ya había comprobado que conmigo se podía hablar libremente, aprovechó para preguntarme alguna cosa sobre como calentar a Cristina. Le comenté que la mejor manera con ella era comenzar siempre con las tetas, diciéndole o hablándole sobre ellas y también lo mucho que la gustaba que la llamaran algo "fuerte" cuando estaba en la cuestión. También le dije que no la penetrara demasiado rápido, que se lo hiciese desear como una golfa. En fin, varias cosas.
Fuimos a comer juntos y estuvimos luego por la tarde enseñándole un poco nuestra ciudad a Javier. Durante ese tiempo, él se comportó de forma muy correcta, sin hacer el más mínimo acercamiento a Cristina, por si nos veía o encontraba alguien conocido por la calle. Y ya sobre las nueve de la noche nos fuimos a nuestra casa.
Cuando llegamos, nos servimos unas copas y charlamos un poco. Enseguida, yo puse algo de música suave para ir entrando en calor. Mientras tomábamos la copa, yo enseñé a Javier el diario donde yo iba apuntando las aventuras de Cristina y donde apuntaría también la suya. Le dije que para poder disfrutar sin perderme nada ni tener que escribir, si me permitía que pusiera un mini casette a grabar todo lo que hablaran o dijeran. El se cortó un poco, me comentó que eso quedaría grabado ahí con su voz y que en un futuro, si él se veía en otra situación, la posibilidad de una cinta en la que apareciera su voz podía perjudicarle mucho. Le juré que luego transcribiría a mi diario textualmente la cinta y la borraría y le juré que lo haría, que le daba mi palabra. Debí de parecerle de fiar porque aceptó. Debo decir que cumplí mi palabra. Posteriormente transcribí los diálogos a mi diario y borré aquella cinta. Cristina se estaba moviendo al son de la música con movimientos lentos y sensuales y Javier me miró, a lo que yo le dije que se olvidaran de que yo estaba y fueran a lo suyo.
El agarró a Cristina de la cintura y empezó a bailar con ella, pegándose lo más posible un cuerpo al otro. Javier metía una de sus piernas entre medio de las piernas de Cristina dándole cada vez que giraba sus hombros con ella a Cristina en su sexo y haciendo que los muslos de Cristina con el movimiento, sintieran su polla. Tras unos minutos en esa situación, empezó a acariciarle el culito a Cristina mientras su boca y su lengua se metían en la de ella.
Al cabo de unos minutos, arrimó a Cristina a la pared y empezó a pasar sus manos por los pechos de Cristina.
¿Así que te gusta que te digan lo puta que eres?, le dijo.
Sí, le respondió sensualmente Cristina moviendo con insinuación su cuerpo.
Y te gusta que te toquen las tetas, ¿eh viciosa...?
Sí, le volvió a responder Cristina.