CONSOLANDO A MARÍA:

María es una compañera de curso. Nos conocimos el primer día de la carrera, aunque realmente comenzamos a hablar más en serio en 2º. La chavala no está nada mal. Mide 1,65, tiene el pelo largo y castaño con mechas rubias alternadas y ojos marrones. Su nariz es un poco aguileña y la afea ligeramente, pero físicamente, sus 55 Kg. de peso se reparten perfectamente por su cuerpo, dando lugar a unos erguidos pechos de talla 90, a una cintura estrecha notable, a una tripita lisa y pulida como una tabla de madera y a unas caderas que, si bien no son redondeadas, están lo suficientemente bien puestas como para dejar ver cómo sus tangas de hilo dental se ajustaban perfectamente a su figura.

En primero de carrera recuerdo que, al menos para mí, pasó sin ton ni son. De vez en cuando hablábamos de cómo iba el curso, pero la cosa no daba para una conversación. Ella era una tía impresionante y estudiosa, pero nada más. De hecho, aprobó el primer año prácticamente sin problemas y llegó a ser una de las mejores.

Se la conocía también porque tenía un novio con el que salía desde hacía 2 años y con el que aprovechaba cualquier descanso para juntarse, irse un poco a parte y darse el lote de lo lindo ante la atónita mirada de los que pasábamos a su lado. Yo me moría de ganas por estar así con una chica, pero no sé por qué, me dio la impresión de que con María no iba a ser. Estaba muy buena y era lista, sí, pero no hablaba mucho, no se daba a conocer… Era rara.

Pero en segundo de carrera la cosa cambió. María lo dejó con su novio y se volvió una chica simpatiquísima. Reía y hablaba con todo el mundo, se insinuaba más (cosa que levantaba algo más que el ánimo) y, en general, pasó de ser desapercibida a ser una de las tías más majas del curso. Luego nos dimos cuenta de la jugada: había estado quedando más de una tarde con Jose, otro compañero, y la mujer estaba ilusionada con ello. Recuerdo que tras el primer examen parcial que nos hicieron, quedamos todo el curso aquella noche para cenar (cosa rara, por cierto…). Y la relación se consumó. María vino guapísima, con un pantalón negro ajustado dejando ver el hilo de su oscuro tangazo, y con una camisa - jersey blanca virgen, también ajustada, que dejaba entrever sus hombros y las tiras de su sujetador transparente.

Yo ya sabía que aquella noche se iba a liar con Jose, pero hice todo lo posible para que la gente me viera con aquel bombón. Por suerte, el chaval se había ido de cena con los amigos de su equipo de fútbol, así que aproveché al máximo la situación, y cuando la cosa era ya inminente, incluso hasta colaboré para que fuera una realidad. Me dio envidia, lo reconozco, pero era algo que ya estaba hablado por su parte y no era cuestión de meterse en líos. Además, los rumores de que la apertura de María se debió a que quería conseguir a Jose pronto, se hicieron realidad.

Digo esto porque a partir de que se liaron, María se fue apagando de nuevo y él con ella. Se ceñían a sus pocas amistades dentro de la promoción y, según parece, decidieron ir juntos hasta para ir al baño (por no decir algo más desagradable a la lectura...). No había momento del día en el que los vieras separados. En clase, a la hora de comer, en prácticas, en la biblioteca (las pocas veces que iban). Se los veía felices, sí, pero a penas se relacionaban con el resto, iban a su bola… 3 largos años de absoluto aislamiento.

No es que lo vea mal. La gente ya es mayorcita para saber lo que quiere. Pero a María le faltaba esa frescura propia de ella, su picaresca, y amigas con las que salir, cotillear, ir de compras… El estar con Jose había hecho que incluso (y esto va en serio) suspendieran y aprobaran las asignaturas con la misma nota, si bien es verdad que los pencos superaban con creces a los aprobados. Además, la familia de María no estaba bien: infartos, muertes inesperadas… Psicológica y físicamente, la chavala estaba hecha polvo y eso podía hacer que se aventurara a otras experiencias, aunque sólo fuera por liberarse.

Así que tras el verano y con una temporada de exámenes en septiembre por delante, encaré la recta final del curso. Últimamente recibía sms´s de María más de lo normal. Durante el curso me manda siempre alguno para hablar de cómo nos va y tal, pero estos sms´s buscaban apoyo. Me decía que estaba agobiada, que no sabía si presentarse a esta o a la otra… E incluso los últimos eran ya más directos, contándome cosas como que en verano se iba a poner muy morena y que si la veía iba a flipar… Yo, para una vez que la chavala se ponía en plan juguetona, la contestaba con un toque picante. Luego pensaba en si se lo contaría a Jose y lo que podría venir después. El chaval me cae bien, pero pienso que no le hace ningún bien a María y, después de todo, si pasaba algo entre ella y yo, sería ella la que tendría que dar explicaciones, así que me dejé llevar por aquello como si fuera un juego más con otra chavala.

Al mes empezaron los exámenes. El primer día tocaba estar toda la mañana haciendo uno, así que traté de no desconcentrarme mucho y fui a por él. A la entrada del aula estaban María y Jose. Se la habían estudiado de pe a pa pero, como siempre, eso no daba garantías de aprobar. Estuve habando con ellos y otros que vinieron hasta que empezó el examen y luego entramos. Al poco rato, estábamos pasándonos las respuestas del test que nos hicieron y, como María estaba cerca, no me importó dejárselas. Acabamos el examen reventados, aunque por lo menos luego aprobamos.

Cuando fuimos a entregar el examen y a salir del aula, vi a la pareja discutir. Hasta tal punto que Jose se fue de la universidad dando zancadas y María se quedó hablando con nosotros. Era la primera vez que los veía así. Cuando ya nos íbamos unos compañeros se ofrecieron para llevarnos a casa.

Yo me negué. Me apetecía volver andando para liberar tensiones, y María dijo que también, a lo que yo respondí que la acompañaba puesto que me pillaba de paso.

¿Me acompañas antes a mirar una cosa en ordenadores? – me preguntó.

Bien, vale. Pero rapidito ¿eh? Que quiero salir de aquí cuanto antes.

Ven, vamos por el ascensor, que subir a pata me cansa…

El ascensor se abrió y nos montamos en él. Pulsé para subir al tercer piso en el que están las salas de ordenadores y cuando íbamos por el 1º María pulsó el botón de parada.

¿Qué haces? – pregunté extrañado.

Tiró sus cosas al suelo y se desabrochó la camisa que llevaba, quedándose en sujetador y mirándome lascivamente.

Mary… – así la llamo yo. - ¿Qué pretendes…?

Venga, porfa… Haz lo mismo que he hecho yo… No me dejes así…

No, si a mi no me importa, pero si estás con Jose… No sé… Él tendrá que decir algo de esto, ¿no?

Pues ahora mismo Jose no me importa. Sólo se que desde que me pasaste el test en el examen, he estado pensando en lo que me has ayudado en estos años y en lo bien que nos llevamos. Y no sé por qué de repente me ha entrado un calentón de impresión. Podría reprimirlo, ¿sabes? – me dijo con un tono mimoso – pero no me apetece cerrar una salida por la que puedo liberarme.

Y se tiró a abrazarme, haciéndome volar en mi imaginación. Veía cómo el moreno de su piel contrastaba con la marca blanca que el bikini le había dejado en verano, y eso me puso muchísimo. La verdad es que estaba confuso. No por tener a María pegada a mí y en sujetador pidiéndome, seguramente, que me lo montara con ella, sino por las consecuencias que eso iba a tener. Pero no me dio tiempo a pensar mucho.

Mary me quitó la mochila, me ayudó a deshacerme de la camiseta y luego me besuqueó el cuello y pegó sus labios a los míos. Ya decidido, la abracé fuertemente pegándola a mi torso y bajé suavemente mis manos sobre su espalda mientras me daba el lote con ella de lo lindo. Amasé su trasero con ellas y ella me respondió subiendo su pierna izquierda sobre mi muslo. Cogí la directa y agarrándola del culo, hice que entrelazara sus piernas en mi cadera. Ella seguía besándome pero no tenía el torso totalmente descubierto. Aquello era antidemocrático.

Me sobra esta prenda que llevas. ¿Te la puedo quitar?

Ya estás tardando. – me susurró ella respirando agitadamente.

Uno de mis sueños se hacía realidad poco a poco. Retiré aquel sujetador y pude comprobar la 90 tan preciosa que el altísimo le había regalado a aquella mujer. Unas tetas morenas como bombones, en cuyo centro había una marca triangular blanca terminada en unos pezones sonrosados perfectos.

Y tanto que estoy flipando contigo, nena.

¿No ves cómo tenía razón? – me dijo al tiempo que me absorbía el labio inferior.

Pegué mi espalda a la pared del ascensor y dirigí mis manos a los pechos de Mary. Tenía la piel fina, fina, y sus areolas se erizaban cuando cerraba mis dedos para pellizcarle los botoncillos. Saqué mi lengua para que guerreara con la suya y abarqué con mis manos aquellas dos maravillas, moviéndolas de arriba abajo y estirando mínimamente de sus pezones, a lo que ella me respondía mordisqueándome los labios. Besé su cuello, sus hombros y me fui a comer aquellas tetas.

La locura iba cada vez a más. Me agaché y la posé sobre el suelo del ascensor. Ella abrió sus piernas todo lo que pudo y yo me dediqué a lo mío. Con su ayuda lamí sus pechos, los mordí. Me encantaba colocar mi cabeza entre ellos y chocar mi cara contra aquella piel húmeda. Adoraba lengüetear sus pezones y succionarlos. Poco a poco fui bajando mis manos y mi cabeza, lamiendo y besando cada trozo de su piel, hasta que desabroché su pantalón y la ayudé para quitárselo.

Pero ella tampoco se estuvo quieta. Tan pronto como se liberó de sus pantalones me ayudó a quitarme en los míos junto a los slips y puso su trasero en pompa, dirigiendo sus manos a mis genitales. Me apoyé en la pared del ascensor para ver mejor todo aquello. Sus manos consiguieron rápidamente una fuerte erección de mi polla, deseosa de entrar en aquel juego. Lamió mi escroto subiendo y bajando su mano sobre mi miembro y yo me deleitaba viendo cómo aquella belleza me hacía aquella mamada con su culito en pompa. La chica de los tangas de hilo tenía también una fina pero preciosa marca blanca en su moreno culo.

Tras un par de minutos cambió. Puso sus manos en mis huevos acariciándolos suavemente y comenzó a succionar mi glande como una posesa. Bajaba y subía su boca a lo largo de mis erógenos centímetros y al llegar al glande succionaba, haciéndome creer que me iba a sacar las entrañas por la polla. Menuda delicia de sensaciones… Agarré su cabeza y aumenté el ritmo de mis movimientos follándole la boca.

¡Joder, que me corro! – grité.

Pero paró en seco y separó su boca de mi polla.

Es que si te vas a correr, prefiero que lo hagas junto conmigo, ¿te parece?

Ni le respondí. La coloqué de espaldas a mí sobre el suelo y ella retiró el hilo de su tanga hacia su ingle, introduciendo su dedo corazón en su coñito cubierto mínimamente por un fino vello púbico. A 4 patas la ayudé a humedecerse lamiendo y succionando su rajita, e incluso la follé brevemente con la lengua agarrándola del trasero. Entre gemidos, ella se balanceaba hacia todos los lados, buscando mayores sensaciones.

Rodeé con mi lengua toda la zona para retirar todo el zumo de chocho posible y, sin más preámbulos, me coloqué detrás de ella y se la metí de golpe enterita.

¡¡MMMM, CABRÓN!! ¡¡HABER ESPERADO UN POCO!!

¡Sí hombre! ¡Como para esperar estaba yo! ¡¡La culpa es tuya por haberme puesto como un toro!!

Le di 2 o 3 embestidas suaves para que se fuera acostumbrando a mi miembro y luego, tomándola por las caderas, choqué mis huevos con su chirri tantas veces como me permitió mi cuerpo. La cogí también por los hombros y la estiré de los pelos a lo que ella respondió retorciendo su espalda y sacando risitas de vez en cuando mientras se acariciaba el clítoris con sus dedos y haciendo círculos en mis bajos con su sexo.

¿Te hace gracia golfilla?

Jeje, sí la verdad… Es que pones mucho ímpetu, no como otros…

Volví a darle un empuje fuerte.

¡¡AAAHHH!! ¡¡Tranquilo tío!! ¡¡Que la tienes más gorda que Jose y me haces daño!!

Entonces vaya tirillas es tu novio chica… - disfrutaba metiéndosela entera – De todas formas no te preocupes, tu vagina la aguanta perfectamente. ¡¡Venga, ahora a ver cómo me follas moviendo tus caderitas en círculos!!

Era delicioso ver a Mary poniendo énfasis en cada círculo que describían sus caderas. Cuando ella se separaba, yo me separaba, pero cuando volvía, yo hacía lo posible por llenarla de polla.

¡¡¡MMMM!!! Así… Así… - decía yo.

La cogí por las tetas e hice que me cabalgara sentada encima de mí, así podía deleitarme sobándoselas y acariciando sus bajos.

¡¡Ya basta, ya basta, por favor…!! ¡¡Me quiero correr!! – dijo toda desesperada.

Me tumbé boca arriba y ella bajó su coño sobre mi tronco apurando mi prepucio al máximo, encarándome. Se tumbó encima de mí y comenzó a besarme a la vez que abría más sus piernas balanceándose adelante y atrás buscando rozarse lo más posible con mi cuerpo. Subía su ritmo frenéticamente y yo me caía de gusto. Amasé su trasero ya húmedo de sudor y cuando ella subió su tronco para poner más énfasis en sus vaivenes, jugué con mis manos y boca a darle gusto y vida a sus pezones. Jamás había notado al borde del orgasmo una mujer con los pezones más duros que un hueso. Nuestros movimientos iban cada vez a más, pero yo ya no pude más y acabé por llenarla de leche.

¡¡Eres un guarro!! Mira que correrte dentro de mí... – decía sin parar.

Pues lo que me has dicho, chica… - contesté apretándome la erección para que aguantara más.

¡¡Que sepas que te lo voy a devolver todo junto con lo mío!!

¡¡Todo para mí, sí!!

Aunque ya no me quedaban fuerzas, sus movimientos hacían que me revolviera para todos lados, puesto que todavía estaba reciente mi orgasmo, así que la acompañé en sus últimos tirones cada vez más rápidos. A los pocos segundos resopló echando su cuerpo sobre mí y embadurnándome con sus flujos unidos a los míos. Sus contracciones vaginales comprimían mi ya débil polla cada vez con menos frecuencia. La abracé y besé delicadamente, destapando el orificio de su sexo para que liberara todo el líquido.

Se quedó callada un rato, acariciada por mí.

También eres estupenda follando, Mary. Qué pieza de mujer… - le confesé recuperándome – Lo que pasa es que no sé si es lo mejor que has podido hacer.

Es que llevamos una mala racha desde hace tiempo y necesitaba liberarme. Sé que la he cagado con Jose, pero quería agradecerte el haber estado conmigo siempre…

Asentí. Me daba mucha pena que aquello acabara así. Lo de Jose ya no me importaba. Solo la veía a ella, su carita sofocada y su piel humedecida. No pude más que besarla. Ella me respondió, pero se retiro pronto.

¿Qué hago? Lo quería un montón, pero tras estos años y cosas que han pasado no lo tengo tan claro…

Eso depende de si quieres comerte la cabeza mucho más o no. Yo te diría que se lo comentaras, aunque luego las represalias irían para mí, pero bueno… Asumo el reto… De todas formas, si estás mal o quieres desahogarte y demás, no lo dudes nena, llámame y charlamos, ok?

Sí, sí. – dijo cabizbaja.

¿Estás bien? – pregunté besándole tiernamente en la mejilla.

Supongo…

Por lo menos has liberado tu mente un ratillo…. ¡¡Y muy bien además!! ¿¿Dónde habrás aprendido todo eso??

Jeje… Gracias.

Tras ello no hablamos mucho más. Intenté sacarle otro tema a la vuelta, pero en su cabeza tenía una bola impresionante y no hubo manera. No se qué es lo que habrá pasado entre ellos, pero de momento los veo juntos y Jose me habla con normalidad, o sea que supongo que no se lo ha dicho. Egoístamente, al menos me lo pasé de cine aquel día, me lo monté con una en un ascensor, cosa que no está nada mal… Y aprobé la asignatura.

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