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Laura se confiesa. (2) He recibido innumerables correos, los cuales agradezco mucho, algunos he contestado, otros aún no por falta de tiempo. Como les decía en los correos me piden que cuente sobre mis infidelidades, y bueno, ahora que decidí contar…, les confieso la historia con mi cuñado. Mi cuñado se llama Alberto, tiene 50 años, es el marido de la hermana mayor de mi marido, tienen dos hijos, una niña de 20, que se llama Jazmín y un varón Luciano de 25, Luciano y sus amigos también estuvieron conmigo, ¡hummm, qué manera de pecar con esos chicos!!, pero eso lo dejo para otra ocasión. Alberto me conoció cuando mi marido y yo éramos novios, me tuvo ganas desde el primer segundo que me vió, eso me lo contó después, con su mujer Marisa (mi cuñada), no se llevan muy bien en la cama, porque ella es aburrida como su hermano, o sea mi marido, pero eso para Alberto ya no es problema porque me tiene a mi para disfrutar de una verdadera hembra, las veces que quiere, dónde y cuándo, yo no puedo resistirme a este hombre, me hace gozar mucho, y lo hacemos muy seguido, donde nos encontremos, casi en la cara de nuestros respectivos cónyuges, ellos ni sospechan de nuestras andanzas, siempre salimos de vacaciones juntos los cuatro y son mis mejores vacaciones, aunque para serles sincera a veces en vacaciones me escapo y me voy con alguien que he conocido en la playa o en el centro comercial. Al mes de casados, mis cuñados habían alquilado una hermosa casita con vista al mar, nos invitaron a que fuéramos con ellos todo el mes, mi marido se quedó solamente una semana ya que debía salir de viaje por casi veinte días, entonces para que yo no estuviera tanto tiempo sola, pensó que sería muy buena idea que me quedara el resto de los días con ellos, yo acepté la propuesta encantada. Viajamos cada pareja en su auto, ellos iban con los dos chicos, el perro y la perra, nosotros dos solos, hacía muchísimo calor en la carretera, así que yo iba con short cortitos, dejando a la vista de todos mis largas y torneadas piernas, y arriba solamente el soutien de mi bikini, dejando adivinar lo voluminoso que se encontraba debajo. Como les dije, no paso desapercibida, soy muy llamativa, ya que mi cuerpo es voluptuoso y lleno de curvas, a mi cuñado los ojos se le salían cuando me vió subir a nuestro auto con esa ropa. Por la noche bajamos a pernoctar en un hotel que encontramos en la ruta, íbamos a cenar, luego a descansar para seguir camino al amanecer, para llegar a la casita de la playa a eso de las 10 de la mañana. No debo dejar pasar por alto que a mí, mi cuñado también me gustaba y ya habíamos tenido algunos roces, caricias rápidas, apoyadas de él mientras bailábamos y esas cosas, una vez lo dejé que me besara y que me pasara su larga lengua por mi cuello, también dejé que acariciara por arriba del vestido mis senos, pero no había pasado de eso, a mi me encantaba tenerlo siempre caliente y con el pene erecto con solo verme, lo dejaba avanzar pero nada más que un poquito. Pero no quiero desviarme de la historia. Fuimos al hotel, nos bañamos y quedamos en encontrarnos para cenar en el mismo hotel. Ya en el restaurante del hotel, mi cuñado se sentó al lado mío y mi marido y cuñada frente a nosotros, mientras cenábamos cálidamente, sentí la mano de Alberto que acariciaba disimuladamente mis muslos, ese contacto de sus dedos en mi piel me hicieron estremecer, acomodé mejor mi pierna desnuda incentivándolo para que siguiera, sus dedos empezaron a subir descaradamente por mi pierna, eché mi cuerpo hacia atrás y abrí mis piernas lo más que pude para darle paso libre a sus caricias. Su dedo empezó a correr mi tanguita estrecha, y fue entrando poco a poco en mi grutita húmeda. Esa situación de tener a mi marido y a mi cuñada frente a nosotros me incentivó la líbido, esa circunstancia era peligrosa y morbosa, y a mi eso me excitaba mucho, mi conchita empezó a mojarse y a pedirme verga, pero por el momento lo único que había y con lo que debía conformarme era el dedo de Alberto que bailaba entre mis fluidos vaginales, su dedito atrevido en mi clítoris me hacía poner la piel de gallina, sentí que mis pezones se erguían pidiendo ser besados, bajé mi mano con mucho sigilo y la llevé a su verga, grande fue mi sorpresa cuando ví el grosor y la dureza, me moría de ganas de tenerla en mi boca para besarla hasta hacerle perder el sentido a mi cuñado, pero no podía, debía sufrir hasta que se nos diera la oportunidad, pero no sabía cuando sería eso. Me levanté de mi silla y dije que iba al baño, me lavé un poco la cara pues estaba muy acalorada, y me saqué las bragas, quería seguir jugando con mi cuñado, y debía facilitarle el camino. Nuevamente en la mesa y sin bragas, al sentarme lo rocé y le puse mi trasero casi en su cara, por debajo del mantel que nos cubría tomé su mano y la conduje nuevamente a mi cueva, abrí mis piernas para recibir su dedo, el cual entró sin problemas, mi respiración era entrecortada, ¡qué ganas de coger tenía!. Disimuladamente movía mi cuerpo para atrás y para adelante, muy lentamente, casi ni se notaba mi movimiento, mi corazón latía aceleradamente, estaba hecha una fiera, en un momento hice caer la servilleta al piso, bajé medio cuerpo, para recogerla y aprovechando que el mantel me cubría, llevé mis labios hasta su pene que estaba durísimo y por sobre el pantalón se lo besé, se lo apreté con mis labios, y descaradamente me acomodé nuevamente en mi silla como si nada ocurriera, miré a mi marido le sonreí y con mis labios le envié un besito, el agradeció mi gesto estirando su mano sobre la mesa y acarició mi alianza de matrimonio que me había regalado hacía unos meses. Una mano estaba sobre la mesa agarrada a la mano de mi marido, con la otra le acariciaba suavemente el pene a mi cuñado que lo había sacado fuera del pantalón. Terminamos de cenar, pero antes de retirarnos a dormir, mi cuñado se había quedado sin cigarrillos y buscaba un lugar donde comprar, el dueño del hotel nos dijo que el único comercio abierto a esa hora estaba a 2 km, Marisa y mi marido tenían sueño y querían irse a dormir, no quisieron acompañarlo, esta era mi oportunidad para estar a solas un rato con él y sacarme las ganas que tenía de tener esa verga en mi boquita de putita. -Si quieres te acompaño yo. -No quisiera causarte molestias, cuñada. -No me molesta, me vendrá bien tomar un poco de aire fresco, si es que mi marido me deja. -No tengo problemas en que acompañes a Alberto. Al contrario de paso puedes comprar gaseosas para refrigerarlas hasta mañana aquí en el hotel, y tener bebidas frescas mañana mientras viajamos -Excelente idea has tenido hermanito, dijo Marisa. Nos fuimos en el auto de Alberto, él conducía y yo me senté a su lado, apenas nos alejamos un poco de la vista de nuestros cónyuges, nos fundimos en un abrazo inmenso, y comenzamos a jugar con nuestras lenguas ávidas de placer, Alberto me lamía la cara, las orejas, pasaba su lengua por mis ojos, y yo le saqué el pene erecto y lo encerré en mi puño y comencé a masturbarlo. Alberto condujo velozmente hacia un descampado, la luna nos iluminaba. -Putita, por fin te tengo a mano, te quiero coger desde hace mucho y desde hoy no pararé de cogerte. -Siiiiii, ¡cógeme mucho!, no doy más de ganas de tener esa verga alucinante y dura toda para mi. Le tomé la verga y la llevé a mi boca, comencé a chupársela como a mi me gusta, bien adentro de mi boca, la llevé casi hasta la garganta, él suspiraba y gemía del inmenso placer que le estaba dando y con sus manos me tocaba los pezones, el culito, la vagina. Salimos del auto y me sentó en la parte delantera, abrí mis piernas y le mostré mi vulva depiladita, húmeda muy deseosa. -Chúpala, me muero de ganas de esa lengua en mi conchita. Puso su cara en mi entrepierna y comenzó a pasarme la lengua lentamente por mi entrepierna, con sus dedos abrió mis labios vaginales, y allí empezó a hurgar con su lengua, subía y bajaba, se apoderó de mi clítoris y empezó a menear la punta de su lengua sin parar hasta que me llevó al orgasmo, me corría y corría. -¡Ahhhh, quiero más, dame más cuñado, dame verga, damela toda. Y me la dio, ¡¡¡y cómo!!!, me penetró de un solo tiro, y comenzó a bombearme salvajemente. -Quieres verga?, toma, toma, puta, eres una reverenda puta, calentona. -¡¡¡Siii, siii lo soy!!, quiero verga sin parar. Entrelacé mis piernas en su cuello para que me entrara más aún, mientras tanto con sus manos recorría todas mis zonas calientes y su lengua me chupaba los pezones, hasta hacerme correr nuevamente, sacó su pene y lo llevó a mi boca, se lo besé con toda mi locura junta, su semen llegó a mi garganta caliente y abundante. Terminamos abrazados sobre la parte delantera del auto sin dejar de chuparnos y besarnos como dos dementes. -Esto no termina aquí Laura, te seguiré cogiendo por todas partes, lo de ahora fue rápido porque no tenemos tiempo, esto fue solo un anticipo, pero te cogeré ese culo que me tiene trastornado. -Seguiremos cogiendo cuñado, tranquilamente y te daré el culo que tanto te gusta, y lo que quieras. -Zorra, no sabes las cosas que te haré. Nos vestimos rápidamente y fuimos al comercio a comprar los cigarrillos y las bebidas. A la vuelta me masturbó por todo el camino y tuve dos orgasmos más. Al llegar al hotel le pedí a Alberto que subiera rápido a su habitación para no despertar sospechas, yo iba a ir a la cocina a pedirle al dueño del hotel que nos guardara las bebidas en su freezer. Al llegar a la cocina me encontré con el dueño del hotel y le pedí por favor si podíamos dejar hasta la mañana el pack de gaseosas para refrescarlas, el señor me dijo que si, al tomar el pack me tocó con descaro las tetas. -¿Qué hace?. -Hago lo que te gusta puta, ví como le tocabas la verga a tu cuñado en las narices de tu marido, eres una putita terrible y estás para chuparte toda. Me tomó de la cintura y me sentó sobre la mesa de la cocina. -Te quedas quieta ahí, zorra. Fue hasta la puerta y la cerró con llave, me quedé mirándolo inquieta. -Quieres verga?, te doy la mía y la recibirás con mucho placer. -¿Qué se piensa usted que me va a hacer, si me toca, grito. -Si gritas le cuento todo al cornudo de tu marido, lo que ví, te propongo que la pases bien a cambio de mi silencio. Sacó su pene duro y me lo mostró. -Mira como lo pusiste perra, con tu desvergüenza y descaro, no sales de aquí sin que te coja bien cogida, como a la puta que eres. Tomó una silla y se sentó delante de mí, abrió mis piernas y metió su mano en mi conchita aún húmeda. -Vaya, vaya si eres puta, estás sin bragas y toda húmeda, cómo me voy a comer a esta zorrita hasta el hartazgo, y te haré gozar como a una perra, me pedirás verga, ya verás. Sentado en la silla, muy cómodo abrió aún más mis piernas, empezó a besar mi vulva con gran experiencia, le verdad me estaba empezando a gustar lo que este viejo me hacía, era un hombre de unos 65 años, alto, morrudo, muy limpio, olía a colonia de baño, me gustó su olor y su lengua juguetona. Estaba empezando a gozar con esa lengua en mi conchita, acomodé todo mi sexo dentro de su boca, y le pedía que siguiera así que me encantaba, me gustaba mucho su lengua y se lo decía, el viejo se agrandó y empezó a darme con la puntita de la lengua a mi clítoris hinchado de tanto placer, tuve un orgasmo y después otro. El viejo se levantó de la silla y me puso su pene grueso y duro en la boca. -Chúpala puta, como saben hacerlo las putas como tú. Llevé su pene a mis labios y se lo chupé como si tuviera en mi boca el mejor manjar del mundo, besé su pene, sus testículos, iba y venía con mi lengua lujuriosa, el viejo me sacó el pene de la boca, me bajó de la mesa y me puso en cuatro sobre la silla, su lengua fue a mi ano, y de allí a mi clítoris, uhhh!!!!, uhhhh!!!, qué placer me estaba dando este viejo, sus dedos me masajeaban las nalgas, las tetas, la cintura, iba y venía, me metió su lengua en mi ano, luego los dedos, lo estaba dilatando para darme por atrás, uhhhhh!!! Ahhh!!!, gemía yo. -Dame verga viejito, dame que me gusta. -Te dije que me ibas a pedir verga, quiero que me ruegues. -Te ruego que me des esa verga, te ruego, te suplico!!!. -La quieres entera, puta. -Si bien enterita y bien adentro, te lo ruego. -Así la tendrás puta. Y me la dio enterita y de un empujón, empezó a bombearme lentamente, una mano en mis tetas y la otra en mi concha, me estaba volviendo loca de placer con el viejo, empezó con movimientos cada vez más rápidos, más y más, tuve un nuevo orgasmo y al segundo de mi orgasmo el viejo se corrió dentro de mi trasero llenándome de leche tibia y espesa. -Ahora que te cogí bien cogida, vete puta, vete con el pobre cornudo de tu marido. Me acerqué al viejo, le dí un terrible beso de lengua y me refregué contra su cuerpo, le puse mis tetas en el pecho y mientras lo iba lamiendo entero le decía. -No olvides de poner las gaseosas en el freezer, por favor. Me fui a mi cuarto caminando lentamente, mis piernas temblaban un poco, encontré a mi marido totalmente dormido, me dí una ducha rápida y me dormí satisfecha y bien cogida junto a él. Luego les contaré sobre ese mes de vacaciones, mis infidelidades con mi cuñado y otros… Espero sus comentarios que me ayudan a seguir con mis confesiones. Laura. |
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