Laura se confiesa. (7)

 

Una semana después de cumplir mi segundo mes de casada,  la luna de miel ya había quedado en el recuerdo igual que el estupendo y caliente mes que pasé de vacaciones junto a mis cuñados, cerca de las 10 de la mañana en un día que amenazaba ser muy caluroso recibí un llamado telefónico de mi marido,  que me decía que le había salido un trabajo extra y que no llegaría hasta la madrugada,  me llamó la atención ese comentario ya que cuando estaba en la ciudad nunca llegaba tan tarde,  le recordé que ese día debía ir al mecánico para que le pusiera un repuesto nuevo a nuestra camioneta. 

Me agradeció que se lo recordara,  pero que era imposible ir,  si podía hacerlo yo,  ya que era dueña de casa y no debía cumplir ningún horario.
A regañadientes acepté ir,  él sabía perfectamente que no me gustaba ir a ese taller,  ya que quedaba fuera de la ciudad,  pero bueno,  como decía él,  yo no tenía que cumplir horarios laborales,  con pocas ganas acepté y le dije que no se preocupara más que iba a ir a lo del mecánico y luego vería que hacía el resto del día.

-Ve con alguna amiga,  diviértete Laura.
-Si,  ya veré que hago.

El sol apretaba fuertemente y debía atravesar toda la ciudad,  por autopista tenía como más de una hora de viaje,  así que decidí salir liviana de ropa,  y me puse un vestido muy tenue y corto,  con unas sandalias que dejaban al aire mis pies, quería lucir mis uñas  prolijamente pintadas por la pedicura.

La camioneta estaba aparcada en la esquina de mi casa,  con pasos lentos y un andar ondulante, me dirigí cansinamente hasta el estacionamiento.

Los hombres que pasaban a mi lado me decían algunas guarradas,  que me excitaban mucho,  sus ojos libidinosos recorrían mi cuerpo sin ningún pudor,  pero era comprensible,  el vestido liviano,  los pezones erguidos y duros,  las torneadas piernas muy bronceadas,  y mi mirada sugerente despertaba pasiones,  se daban vuelta a mirarme.

-¡Te chuparía toda, mamita!

-¡Qué rica estás, dichoso el te te coge!.

No paraban de decirme todo tipo de cosas, pero yo estaba acostumbrada a eso, mi madre me había parido demasiado sensual, la sexualidad me brotaba por los poros.

Subí a la camioneta,  tomé por una calle adyacente para llegar más rápido a la autopista,  mientras hacía este recorrido pensaba en que mi marido no llegaría hasta la madrugada,  y olía algo raro,  no era su costumbre,  pero bueno allá él. 

Estaba un poco excitada por las palabras que me decían los hombres al pasar, podría buscarme a algún amante, eso era tan fácil para mí, nadie se negaba a mis encantos femeninos,   tenía todo el día libre,  y la mejor manera de ocuparlo una zorra como yo era calenatando machos,mmmmm!!!!.¡¡¡¡mmmmm, estaba sintiendo ganas de estar con alguien,  estaba con ansias de una aventura, ya aparecería algo.

Cuando llegué al taller mecánico,  estacioné y el joven empleado vino a abrirme la puerta y ayudó a bajarme tomándome de la mano.

-El señor está en su oficina, lo iré a buscar.
-Ok, muchas gracias.

A los pocos minutos vino el mecánico,  sus ojos me recorrieron desde la punta de los pies hasta mis senos, y desde mis senos a mis pies,  volviendo a subir y mirándome a los ojos me dijo.
 

-Laura!, dichosos los ojos que te ven.
-Hola,  buen día,  vine para que le pusiera el nuevo repuesto a la camioneta.
-Así es Laura,  lo recibí ayer,  el trabajo lo hará mi ayudante y le llevará cerca de dos horas para terminar, va incluído el lavado también.
-Uhhh!!!, cuánto tiempo!!, con este calor, esperar tanto.
-Puedes esperar en mi despacho,  tengo el aire encendido.
-Así es mejor la espera entonces.

Llamó al ayudante, y le dió las instrucciones para hacer el cambio de repuesto en mi camioneta.
Cuando terminó,  se acercó y me pidió que lo siguiera hasta su despacho.  Me ofreció sentarme frente a él.

-¿Te gustaría tomar una cervecita helada Laura?.
-Si, gracias.

Fue hasta el refrigerador y sacó dos latas de cerveza,  las destapó,  mientras seguía recorriendo mi cuerpo con su mirada libidinosa me decía:

-Laura,  ese es un repuesto importado,  me costó mucho poder conseguirlo.
-Si, es verdad,  algo me comentó mi marido.

El mecánico era un hombre de lo más común,  de esos que se ven por la calle y no llaman la atención a nadie.
Su cuerpo tenía unos diez kilos de más,  un vientre abultado por la cerveza,  usaba bigotes y estaría alrededor de los 50 años.

Se sentó frente a mi,  siempre comiéndome con los ojos.

-Estás bronceada Laura.
-Sí, estuve una semana de luna de miel en un lugar con mar,  muy bonito y después fui un mes con la hermana de mi marido,  su esposo y los chicos en una casita que alquilamos,  también en el mar,   así que me he bronceado muchísimo.
-Tu cuerpo debe tener esas marcas que dejan el sol, ¿verdad?.

Su mirada,  su voz,  me estaban excitando,  ¿cómo sería este mecánico sexualmente hablando?. No era justamente un modelo masculino.
Crucé mis piernas,  y el vestido al ser tan liviano se subió,  dejando más de mis piernas a la vista del caballero en cuestión,  con una sonrisa sugestiva, le contesté.

-Así es,  por suerte no se ven facilmente.
-¡Qué lástima,  me hubiera gustado ver esas marcas!.
-Ya le dije que es un poco difícil, las marcas están tapadas por mi ropa.
-Me pongo muy triste bebé,  muero por ver las marcas que te dejó el sol.

-Aunque pensandolo bien tengo marcas en mi nuca,  que tapan mis cabellos.

Todas mis minúsculas bikinis se anudaban en la nuca y era verdad que allí estaban.

Sugerentemente con mis dos manos levanté mis largos cabellos,  ladee un poco mi cabeza.

-Creo que allí puede apreciarlas.

Se levantó de su silla y vino a pararse justo delante mío, al estar sentada su bulto importante quedó frente a mi boca.  Eso me hizo mojar mi pequeña tanguita.

-¡Laura,  qué lindas marquitas!!,  susurraba mientras pasaba la yema de sus dedos por mis hombros.

-¿Si,?, a mi mucho no me agradan.  -Dije con voz ronca,  en el estómago sentía unas cosquillas raras y mi braguita se estaba empezando a humedecer.

-Laura,  déjame ver algo más,  por favor.

-¿Quiere ver más de mis marquitas?.  Su bulto ante mi boca crecía y crecía,  se me estaba haciendo agua la boca,  tenía ganas de conocer esa verga que parecía ser enorme,  por lo que se podía apreciar a través del pantalón.

-Por favor,  déjame ver más de tus marcas,  su respiración se notaba agitada.

Sus ojos ardían de deseos.

-¿Sólo las marcas y se queda quietito?. dije mimosa y provocadora.

-Sólo las marcas Laura,  ya empezaba a jadear.

Bajé y bajé mi escote,  el soutien tapaba parte de las marcas.

-¿Me permites?. Y desabrochó mi vestido,  poco a poco aparecieron mis senos,  bajó los breteles de mi soutien, mis grandes pechos saltaron hacia afuera, con una pequeña porción de ellos blancas, y la mayor superficie de mis senos completamente bronceados, mis pezones duros y erguidos acompañaron el movimiento, la aureola de mis pezones resaltaban dentro de esa parte sin broncear.

-¡Dios,  eres una belleza de hembra!,  ¡qué buenas tetas Laura!,  tal cómo las imaginaba,  he soñado con tu cuerpo,  me he masturbado montones de veces pensando en tus curvas.

Sus dos manos atraparon mis senos y comenzó a acariciarlos,  con los dedos de sus manos hizo un círculo que bordeaba mis senos,  abrió su boca,  sacó su lengua,  la puso en punta y comenzó a lamerme los pezones,  su mano acariciaba mi cintura,  fue bajando hasta llegar a mi vulva,  poco a poco empezó a introducir un dedo,  luego dos,  mi conchita estaba inundada de mis jugos sexuales,  sus dedos entraban y salían como un pene,  su lengua un rato en un pezón,  luego en el otro,  sentía un placer inmenso,  mis gemidos eran alocados,  abría mis piernas para recibir sus dedos.

Suavemente quitó sus dedos de mi conchita,  me tomó de las axilas y me puso de pié,  fue quitando mi vestido hasta hacerlo caer al piso,  se agachó, con los dientes me iba quitando la tanguita de a poco,  hasta que quedó también en el piso,  cuando quedé completamente desnuda, me dijo:

-Hermosas las marcas que te ha dejado el sol, quiero ver la parte sin broncear de tu trasero.

Me dio vuelta y me puso de espaldas, se veía un pequeño triangulito blanco de piel.

-¡Dios, Laura, que rebuena estás!!. Creo que eres una putita en la cama, se te nota en la cara que eres viciosa de una buena verga, ¿me equivoco?.

-No. No se equivoca.

-Tengo un buen pedazo de carne que te hará volver loca, mira lo que tengo para ti, zorrita.

Y se sacó el pantalón, luego los slips, debajo de su abultado vientre asomó  su verga, juro que he visto montones, me he tragado vergas de todos los colores y tamaños, como ya saben ese es mi deporte favorito, es mi única religión, pero no se esa verga era especial, me gustó y quería gozarla.

-¿Te gusta, Laura?. ¿Te gusta mi verga?.

Se la tomaba con sus manos y me la mostraba, se veía erguida como un mástil, apuntandome para hacerme desear sentirla enterita dentro mío.

-Si, me gusta mucho.

-Será toda tuya, me rogarás que te la ponga y te volverás loca chupándola.

Sin más me sentó sobre el escritorio.

-Ahora sabrás lo que es gozar, estoy segura que tu marido nunca te hizo lo que te haré yo.

Sin más empezó un recorrido sinuoso y húmedo con su lengua y sus manos, comenzó a lamerme por el cuello, bajó hasta mis senos, ahí se detuvo un buen rato, me los chupó tanto y de tal manera que yo no podía dejar de gemir, mientras me mamaba las tetas, su dedo fue directo a mi clítoris, comenzó a masajearlo, a frotarlo, primero lento, poco a poco fue aumentando el ritmo hasta que me hizo tener el primer orgasmo, me corrí pidiéndole que siguiera, luego continuó jugando con su lengua por todo mi cuerpo, me lamía toda, y su saliva humedecía cada parte por la que pasaba ese huracán.

-Ahora te mamaré esa conchita de puta que tienes.

Me tomó en sus brazos y me tumbó en la alfombra, abrió mis piernas.

-Eres una delicia, no pararé de cogerte como se merecen ser cogidas las putas como tú.

Metió su nariz entre mis piernas, con sus manos tomó mis labios vaginales y me los abrió, introdujo su larga lengua en mi vulva, la recorrió sin ningún pudor, mi clítoris se infló, quería que esa lengua lo chupara.

-¡Ahhhh, más, maaaaaaas, no pares por favor.

-¿El cornudo de tu marido te mama así la conchita?

-No, nunca lo hace.

-Pedazo de imbécil, perderse semejante hembra.

Y fue al ataque, me chupó la cuevita tanto, tanto que perdí la noción del tiempo, y los orgasmos que tuve, con sus manos abría mi conchita para succionar mi clítoris una y otra vez, yo me tocaba los senos, me los acariciaba, me tiraba del pelo, movía mis caderas al compás de su lengua, no paraba de gemir, mis gemidos se mezclaban con mis ruegos.

-Así cabrón, dame esa lengua, damela toda. ¡Ahhhh!, qué placer me dás, uhhhh, ahhhh!!!, quiero más, más, más…

. Su tupido bigote hacía cosquillas en mi vulva, eso me encantaba. Su magistral mamada me enloqueció, pero yo no dejaba de pensar en su verga, también quería mamarla y saborearla.

Después de chuparme la conchita y enterrar toda su cara para beber mis jugos, me montó.

Se subió arriba mío, y me penetró apenas un centímetro, la sacó y me la mostró.

-¿Te gusta?.

-Me encanta, la quiero en mi boca, damela, no me hagas sufrir.

-¿El cornudo de tu marido la tiene así de grande?

-No, es la mitad de la tuya.

-Cornudo y cabrón.

-Si, muy cornudo y muy cabrón.

Me la puso en mi boca, abrí desesperada los labios.

-Al cornudo, ¿se la chupas cómo a mi?.

-No, no me deja, es pecado para él.

-¡Pedazo de cornudo e infeliz!, lo que se pierde el muy cabrón.

-Dámela, quiero mamartela y tragarme toda tu lechita.

-Eres terriblemente puta y eso me enloquece, toma, chúpala.

Se puso boca arriba, su vientre abultado me excitaba, me producía una terrible morbosidad tener a ese hombre maduro y relleno, me daba excitaba mucho meterle los cuernos a mi marido con un hombre mucho más viejo y más feo que él.

Tomé su verga con desesperación, la aferré con mis manos y la llevé a mi boca, la puse lentamente hasta mi garganta, mientras mi lengua jugaba con su puntita, la saqué despacito, despacito y luego la metía con todo dentro de mi boca.

 

El mecánico no paraba de jadear y de gozarme, mientras se la chupaba me decía.

-Así putita, asi, me estás volviendo loco.

-Mmmmmm, mamita, pedazo de puta, así, ahhh!!!!!.

Y yo seguía dándole sin parar, lo estaba gozando mucho.

Él mecánico gemía, suspiraba, y me preguntaba por mi marido, eso me calentaba más, siempre estaba presente mi marido.

-¿El cornudo de tu marido no te permite que se la chupes así?.

-No, por eso te lo hago a ti.

-Muy bien que es cornudo, se lo merece, ¿lo seguirás haciendo cornudo conmigo?.

Sacaba su verga de mi boca y le contestaba.

-Siempre lo haré cornudo contigo, papito, ¿cómo perderme esto?.

-Vida, quisiera cogerte delante de sus narices, que vea lo puta que es su mujercita.

-Me encantaría que vea como me trago tu verga, cómo la disfruto y cómo te saboreo la lechita. ¡Qué tremenda verga tienes!, la quiero toda para mí.

-Será tuya las veces que quieras, putona.

Y nuevamente comencé a mamarla, le pasaba mi lengua desde el principio hasta el fin, le besé sus testículos, sus piernas, él se contorneaba de placer.

Me quitó mi preciado juguete de la boca.

-Me harás correr si sigues, quiero cogerte por todas partes.

-Siiiii, ¡cógeme sin parar!.

Me dio vuelta, me puse en la posición de perrita, me penetró apenas un poco, la sacó, le decía que no quería padecer más, que la quería toda adentro.

De un empujón me la dio toda como yo se la pedía, el mecánico me embestía como un toro furioso, me daba y daba, a la vez sus manos me acariciaban el clítoris, yo no paraba de correrme, disfrutaba y gozaba, me estaba cogiendo como a mi más me gustaba, con pene, lengua y manos, era un placer sentirme poseída por ese hombre gordito y con vientre abultado, para mí en esos instantes era un adonis, era el hombre más bello del mundo porque me llenaba de placer y no paraba de tener orgasmos, uno tras otros.

Sacó su verga y me la puso nuevamente en la boca.

-Chúpala, quiero ver como te tragas toda mi leche.

La metí enterita en la boca, se la chupaba con desesperación, la mamaba, y le pasaba mi lengua, poco a poco la fui metiendo nuevamente bien hasta el fondo, cuando sentí cómo depositaba toda su le che dentro de mi boca, la fui tragando lentamente, los dos caímos extasiados sobre la alfombra verde de su escritorio.

-Laura, eres una hembra muy puta, soñé siempre con esto.

Quedamos acostados en la alfombra, luego de un rato, me senté sobre su vientre abultado, comencé a besarlo, le pasaba mi lengua por su pecho velludo, le besé las tetitas, su miembro iba creciendo poco a poco, al tenerlo listo para la acción, lo monté, y comencé a cabalgarlo pausadamente, subía bajaba, me bamboleaba con su pene metido hasta el fondo, él mientras tanto chupaba mis senos, tuve un nuevo orgasmo, esperó a que descansara un poquito, me pidió que lo montara al revés, me dí vuelta y le dí mi espalda, comencé a subir y bajar nuevamente, me pidió que saliera de arriba de él, y que me pusiera en cuatro patitas, se puso de rodillas, abrió mis nalgas y comenzó a pasarme la lengua por todo mi ano, su lengua iba desde mi ano a mi conchita, me introdujo un dedo en mi trasero, luego otro, me estaba cogiendo por atrás pero con sus dedos, me fue dilatando, una vez que logró la dilatación justa, intentó penetrarme, pero no pudo, volvió a darme lengua y dedos en mi ano, mi placer era tan inmenso que me corrí nuevamente.

Luego de mi orgasmo, corrió mis jugos hasta mi ano, intentó nuevamente la penetración, esta vez tuvo éxito, puso los cinco primeros centímetros, sentí que me partía en dos, me pidió que aguantara que ya vendría el placer, poco a poco me penetró hasta el fondo, pasó sus manos hacia delante, con una me masajeaba los pezones, con otra jugaba con mi clítoris, me sentía plena y llena, luego comenzó un mete y saca lento y gradualmente fue apurando las embestidas, mientras que con sus dedos seguía masajeando mi clítoris hinchado de tanto placer, tuve un orgasmo, en ese momento sentí como descargaba el chorro de leche dentro de mi ano, mi trasero estaba lleno de semen tibio.

Después de un rato, cuando ya estábamos vestidos vino el ayudante para decirnos que el trabajo estaba terminado.

Quedamos en que yo iba a llamarlo en unos días.

Cuando ya me iba el ayudante del mecánico me alcanzó las llaves de la camioneta y me abrió la puerta, me ayudó a subir, me dijo por lo bajo.

-Perra, algún día yo te cogeré como te cogió él, ví como se la chupaste, como te montó, lo ví todo. Toma mi teléfono, llámame.

Tomé el papel con su número telefónico, le sonreí y le dije hasta pronto.

De regreso a la ciudad, tuve que desviarme del camino porque la autopista estaba cerrada por un accidente, debí tomar por una calle lateral que desembocaba en el centro de la ciudad.

Esperando que cambiara la luz del semáforo, vi a mi marido que se acercaba a dos prostitutas, hablaron un poco, las tomó a cada una del brazo y se fue caminando con ellas, no podía creer lo que veía, di la vuelta en la esquina dejé la camioneta estacionada y corrí, corrí hasta alcanzarlo a la media cuadra, mi marido iba con las dos chicas una a cada lado, lo seguí lentamente, a las pocas cuadras entró en un hotel y se perdieron dentro.

Por eso no llegaría a casa hasta el amanecer se iba con dos putas a hacer lo que no hacía conmigo, era un imbécil.

Llena de leche del mecánico, y satisfecha del placer que me había dado otro, retorné a mi casa, me bañé, y llamé al ayudante del mecánico.

-Quiero que vengas a mi casa, te espero…

Mi mejor venganza era esa, que me cogieran en la misma cama que compartía con el cornudo de mi marido.

CONTINUARÁ

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